Presentación

La tierra es áspera, fría y oscura. El barro se adhiere a los talones formando costras frecuentes. Los pies se sumergen en ella con un apego lento. No hay nada alrededor, sólo paredes oscuras.
La gota cae sobre el riel iluminado, con esa luz ruidosa de la distancia. Los pies se apegan al barro en una extraña relación, casi indispensable.
La gota cae sin apuro y luego se desliza por la cascada del eucaliptus añoso. El ruido se esconde en un juego de prensas alternadas que recogen el aliento húmedo, se agota su aullido, al final del túnel.

Mi obra es un relato sustentado en la experiencia de vivir en el paisaje, ese paisaje rudo, áspero, frío, húmedo; en donde la mañana irrumpe con la niebla espesa que cubre la ciudad, el campo y el cielo.
La inexactitud controla el espacio y sus límites, el golpe y la fricción procesan la superficie del soporte.
La imagen surge caprichosamente desde dentro, con sobresaltos, con disturbios y de manera cruda, agresiva, perpleja, dañada; cubierta de una atmósfera de tarde en donde la luz se agota y se difumina.
La imagen es fraccionada de manera impetuosa por el recorrido punzante del rictus impulsivo, cuya ruta no establecida previamente, se deja ver y se esconde. Cercana al neo-expresionismo y la abstracción, voy siempre buscando, experimentando, superponiendo capas de material y de pigmentos en una relación causal, a veces azarosa; que luego se interpone en una condensación, con los alcances rutinarios de observar la vegetación, percibir el golpe del aire impetuoso que irrumpe en los matorrales, la leña seca repartida por el suelo, el árbol que se agita y se confunde con las nubes, la marca grabada por el sol en las grietas que se secan, la viruta astillosa repartida por la tierra.